¿No merece la pena dedicar cada día un momento a cultivar un pensamiento altruista, a observar el funcionamiento de la mente para descubrir cómo surge la vanidad, la envidia, el despecho o, por el contrario, el amor, la satisfacción, la tolerancia? No lo dudemos: esa investigación nos enseñará mil veces más que una hora dedicada a la lectura de las noticias locales o los resultados deportivos. Se trata de utilizar el tiempo de forma adecuada, no de desentenderse del mundo. Por lo demás, no debe preocuparnos llegar a tal extremo en una época en que las distracciones están omnipresentes y el acceso a la información generalizada hasta la saturación. Más bien nos hallamos estancados en el extremo opuesto: el grado cero de la contemplación. No nos reservamos ni una hora de reflexión por cada cien de diversión. Como mucho, unos instantes cuando conmociones afectivas o profesionales nos hacen "cuestionar las cosas". Pero ¿Cómo y durante cuánto tiempo? ¿Aprobechamos realmente esas ocasiones para mirar de frente los fundamentos de esas frágiles certezas, la naturaleza efímera de los sentimientos y de los apegos? Con gran frecuencia, nos limitamos a esperar que "pase el mal momento" y busacmos con avidez las distracciones apropiadas para "pensar en otra cosa". Los actores y el decorado cambian, pero la obra continúa.
MATTHIEU RICARD